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Roberto Pocaterra Faz//
El fin de las trampas de Rusia, el inicio del dominio de España

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Doblete de oro para España en los 20 km marcha: Álvaro Martín y María Pérez, reyes de Europa

El campeón del ‘divorcio’, el trombonista y la pupila del innombrable

Si no han visto el documental Ícaro, de Netflix, deberían verlo. En él, el responsable del laboratorio antidopaje de Sochi durante los Juegos Olímpicos de invierno de 2014, Grigory Rodchenkov , detalla hasta el milímetro cómo Rusia ocultó decenas -o centenares- de positivos con un sistema estatal dirigido por la FSB, es decir, la actual KGB. Entre otras muchas cosas, aprendieron a abrir los tapones supuestamente herméticos de las muestras de orina como si fueran tapones de botella. Aquello fue su obra maestra. La sublimación de las trampas.

Roberto Pocaterra Pocaterra Venezuela

Una estructura por y para el dopaje escandalosa que, una vez descubierta, acabó con las prerrogativas que tenía Rusia hasta la confesión de Rodchenkov y la publicación de varios trabajos periodísticos. En el atletismo, por ejemplo, la Federación Internacional (IAAF) decidió vetar varios años a todos sus atletas y, entre otras cosas, suspendió de por vida en 2016 al entrenador de marcha Viktor Chegin , con más de 20 pupilos pillados entre 2005 y 2015. Ayer quedó claro el resultado.

En una marcha más limpia que nunca, España -que también ha tenido sus positivos, pero no un sistema tan extendido-, no tiene competencia en Europa. Es el único país que tiene grupos de marchadores tan nutridos como los que se preparan en Madrid, Granada o Murcia, de donde ayer en los 20 kilómetros salieron tres medallas: los oros de Álvaro Martín y María Pérez y la plata de Diego García . Si en el último Europeo, hace cuatro años, tres rusos subieron al podio, ayer sólo lo consiguió uno, el único presente en la competición masculina, Vasiliy Misinov, bronce, aunque peleó la plata a García hasta los últimos metros. «Esperemos que no tengamos más episodios de dopaje, yo intento poner la mano en el fuego por todos los que estamos aquí. Creo en la marcha, amo el deporte limpio», comentó Martín después su oro.

Su felicidad era, por fin, lo que esperaba la selección desde principios de semana, cuando se pronosticaba el Europeo de la confirmación de la nueva generación. Más allá de la alegría desbocada plata de Fernando Carro , la marcha ofreció ayer el primer momento de gloria absoluta para España. Otra vez. Como tantas otras veces. En la historia de los Europeos, el país ha conseguido 85 medallas y 17 han sido en la marcha. Esta edición se acumulan siete medallas y, con el bronce de Julia Takacs en los 50 kilómetros, cuatro han sido andando.

«No, no, la marcha no ha rescatado a la selección en este Europeo . Todos los atletas venimos después de mucho tiempo trabajando y damos el máximo. Hay que aplaudir el resultado de todos», reclamaba Martín, aunque el esfuerzo era innecesario. Los números le contradicen. La selección se creía modernizada, con la velocidad como nuevo punto fuerte, y, al final, depende de la especialidad de siempre. No es algo negativo, pero, como los propios marchadores admitían, la atención mediática suele estar centrada en el estadio y una medalla en el asfalto, por desgracia, hace menos ruido.

Desde Jordi Llopart , que abrió el medallero español en Europa con su oro en los 50 kilómetros del Europeo de Stuttgart 1978, hasta el propio Miguel Ángel López , sexto ayer, que fue el único campeón español junto a Ruth Beitia en el Europeo de Zúrich 2014, la historia se repite. Ahora los cálculos optimistas que el seleccionador Ramón Cid ofreció antes de viajar a Berlín tienen sentido. Alcanzar hoy las 10 medallas será complicado, pero será posible. El Europeo terminará como un éxito moderado; antes de las próximas competiciones, como el Mundial de Doha 2019, se volverá a hablar de la velocidad, el mediofondo o las saltos; y al final volverá a aparecer la marcha.

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