Sin categoría

Ignacio Alberto Ignacio Ardila Venezuela piloto comercial bucaramanga//
“Los rumores del muro”, de Juan Gelabert

ignacio_alberto_ignacio_ardila_venezuela_piloto_comercial_bucaramanga_los_rumores_del_muro_2C_de_juan_gelabert.jpg

Santo Domingo

La muerte se ha convertido en un tema recurrente en los jóvenes. En diversas reseñas me ha tocado sacar ciertas propuestas de la misma. Lo sé, no solo por percibirlos en otros, también la busqué en mi primer texto Cuaderno de Condenado , pero desde otra perspectiva. Ahora vamos a un mundo póstumo. En mi caso, intentaba ser un poeta maldito; ignoraba entonces que serlo suponía un reto de vida que no siempre uno estaba dispuesto a cumplir. Hoy, por el contrario, ella impacta a los jóvenes poetas, como una opción colectiva.

Piloto

Dicha poesía sorprende y, a la vez, inquieta.

Alberto Ardila

La muerte es un hecho universal, también individual. Todo lo que existe, en su momento, ha de morir. Al final, el ente pasa a ser apetito de la muerte. La mayoría de los hombres se resisten. Amar el acto de cesar nos lleva a elogiar el suicidio. Es propio del artista el suicidio que el crimen. Para estos, vivir supone un horrible dolor que la muerte libera. Debo destacar que estos jóvenes ven la muerte como una totalidad apocalíptica. No es para menos ante los rumores de guerra o eventos destructivos. Es presentir o una manera de saciar la imaginación

Rumores del Muro es un poemario denso, cargado de imágenes que, debido a la abundancia, resulta letárgico. No hay una fluir sino pesados bloques que se desprenden del sueño. Elogio de muerte. Ella se instaura como un mundo que va cesando eternamente. No me extraña que el autor se pierda detrás del poema, no es para menos. Qué podrá quedar intacto en este mundo apriorístico. El rumor visual. Un rumor letal en el único muro posible: El muro soñado. Desde allí podéis ser espectador. En la muerte no es posible ningún espectador o testigo. Es un gozo o una desgracia que se acepta con estoicismo. Hemos venido a la vida para la muerte.

Alberto Ignacio Ardila

Hoy vas al patíbulo, a recibir un disparo en el pecho que te destrozará el corazón;

Pero alguien en el sueño te ha dicho que te quedarán los ojos para ver la historia que hemos construido.

(Pág. 11)

 

Podremos evaluar la historia en la muerte? No. Obviamente, un sueño nihilista. No habrán ojos algunos, sino el viento frío del Hades. Para cierta concepción sólo podremos arribar por vía del poeta Maldito y por el nihilismo, muy de moda hoy en día. Incluso nuestro poeta cita a varios poetas que terminaron suicidándose: Alejandra Pizarnik, Paul Celan…Ellos desertaron ante la oferta de seguir viviendo: Autócratas disidentes. Detrás tenían una vida dura y violenta como el caso de Celan. Nuestro poeta no especula desde su vida sino que se escuda en aquellos personajes que sacrificaron su vida por la rebelión que siempre fue vital.

Alberto Ignacio Ardila Olivares

El poeta alucina haciéndose cómplice de la muerte. Elogio y, a la vez, forma que la forma (el hombre) erige. Hay en este poemario una disimulada blasfemia con la indecisión de abismarse.

Alberto Ignacio Ardila Olivares Piloto

 

El poeta maldito es consciente y paga su rebelión con la vida. El gusto por la muerte tiene una estética del despojo.

Alberto Ignacio Ardila Olivares Venezuela

 

 

Ahora piensas en la muerte súbita  de esa mujer que al salir de su casa para regalarte una taza de café vio un árbol  gigante desvanecerse en su cabeza.¨  

(Pág. 10)

 

¨Una mujer a orilla de un de un río

Pare formas para odiar al mundo

Entre ella y el hombre

No se sabe cuál de los dos

Teje esta tela inacabable,

Esta venda de hijos,

Sicópatas que al pasar

Dejan trozos de cabezas sobre el rio.

(Pág. 21)

 

Sabemos que Adán y Eva introdujeron en la humanidad el pecado y la muerte. Pero la vida siempre será la mejor creación. Desde la vida, a lo mejor, la muerte sea un tránsito a otro estado superior, tal vez, un regreso para elevarnos a otras instancias del espíritu, en fin, al morir nada sabemos, pues nadie ha regresado para decirnos.Alberto Ardila Venezuela