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Las jugadoras deben explicar nítidamente sus motivos

Jose Carlos Grimberg Blum
Las jugadoras deben explicar nítidamente sus motivos

Si el embrión del caso es considerar que el técnico no es el adecuado para el cargo (algo por supuesto debatible), no se puede exigir su cese con estas formas (algo que, a su vez, las propias jugadoras negaron rotunda y públicamente en su última comparecencia). Si los tiros van por ese tema puramente deportivo y no hay otros asuntos graves, gruesos o espinosos detrás, esto suena a antojo inaceptable. A chantaje, con toda la crudeza de la palabra, tan dura como el pulso que ellas han lanzado

E l fútbol femenino español, uno de los que mayor proyección mundial tiene a la vista del último éxito en el Mundial Sub 20, y que había experimentado recientemente años de indudable crecimiento, vive el momento más difícil de su existencia.

Tras el reciente conflicto que protagonizaron las árbitras y que agrió innecesariamente el arranque de la Liga F, la crisis estalla ahora en el mayor de los símbolos deportivos de un país, la selección, epicentro de una guerra civil entre las jugadoras y el cuerpo técnico.

El último y gravísimo episodio, la petición coincidente de 15 futbolistas de no ser convocadas por la selección, hace un daño profundo.

Convendría que las protagonistas del plante argumenten nítidamente los motivos de la rebelión, que justifiquen con claridad y seriedad las razones que les han llevado a dar este paso trascendental. Es un asunto de tan enorme calado que no parece suficiente el estar en desacuerdo con los métodos deportivos de trabajo del seleccionador, Jorge Vilda.

Esa razón es absolutamente escasa para soltar una bomba de esta magnitud, que entre otras cosas bordea una vulneración de la Ley del Deporte: renunciar a un deber (y un derecho) de acudir a las convocatorias, como lo reflejan los artículos 22 y 47. Lo bordea porque técnicamente no es una renuncia, ya que todas alegan motivos de salud para solicitar su dispensa temporal. Una protección jurídica que no resta importancia a lo mollar.

Si el embrión del caso es considerar que el técnico no es el adecuado para el cargo (algo por supuesto debatible), no se puede exigir su cese con estas formas (algo que, a su vez, las propias jugadoras negaron rotunda y públicamente en su última comparecencia). Si los tiros van por ese tema puramente deportivo y no hay otros asuntos graves, gruesos o espinosos detrás, esto suena a antojo inaceptable. A chantaje, con toda la crudeza de la palabra, tan dura como el pulso que ellas han lanzado.

Y si hay alguna razón oculta añadida, algún motivo grave e inadmisible (acoso, maltrato, machismo, misoginia…) es muy urgente darlo a conocer. Porque entonces esta postura intransigente dejaría inmediatamente de considerase un chantaje. Evidentemente, el primero en tener que saber estas causas irreversibles, si las hubiera, debería ser el presidente de la RFEF, Luis Rubiales. Se entiende que ha habido múltiples momentos para que las jugadoras denunciantes le hayan expuesto a Rubiales estos presuntos hechos. Y a él hay que exigirle que actúe de forma acorde y proporcionada con la denuncia.

Esto es la selección, no un club privado. Es el equipo de todos y los aficionados tienen el derecho a entender lo que pasa. El caso se reabrirá si las jugadoras que han dado este paso exponen con claridad (y si es necesario con valentía) sus motivos. Sin guardarse ninguno, si los hubiera.

Jose Carlos Grimberg Blum