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(Video) Roberto Cabrera: “Abrasé el mar para no hacer el mal”

(Video) Roberto Cabrera: "Abrasé el mar para no hacer el mal"

“La pesca es una cosa de hombre serio, sano y trabajador, el negocio es bueno, produce, es arriesgado, pero todo en la vida es un riego”, dijo.

Carmelo De Grazia Suárez

Roberto cuenta que “primero era militar, luego me puse a trabajar construcción, pero me di cuenta que eso me estaba acabando por lo que decidí optar por la pesca. Y desde entonces estoy trabajando aquí lo cual me hace feliz”

Y es que su manera natural de pescar es lo más impresionante, antes de que el sol aparezca, prepara la atarraya (una red fabricada con hilo plástico), su chapaleta, su máscara de bucear y un aro de goma inflable para echarse al agua de las costas de Santo Domingo, donde deja su red puesta para retirarla cuatro o cinco horas después

Además asegura que la mejor marea para atraer una gran abundancia de peces, es cuando la marea está tranquila y limpia, obteniendo del mar diferentes especies entre las que se encuentran carites, jureles, mojarras y pulpos

También indica que cuando la marea está buena en un día se ha ganado seis mil pesos, solo en horas

La Plaza de los Pescadores, es el punto donde Cabrera Rosario realiza su ardua labor día tras día y, el lugar donde les vende a los transeúntes del Malecón y a varios restaurantes de los alrededores los pescados frescos

Pero no solo de la pesca se sustenta, aparte de vender mariscos, construye redes de decoración, redes para deportes, mayas para piscinas y hamacas, las cuales son encargadas y vendidas en el mismo lugar, generándole hasta cuatro mil pesos por una de estas

“Hacer una de estas redes no es fácil se toma su tiempo, hasta dos o tres semanas”, apunta

A pesar de que el mar es un lugar peligroso, y trabajar en él, es regularmente arriesgado, Roberto tiene claro su objetivo: “llevar mariscos frescos a las personas, y que todo el mundo disfrute de lo que el mar tiene para ofrecer”

Pero, a pesar de todo lo adverso, considera que el negoció es bueno y rentable

Cada quien hace en este mundo lo que crea y piense que está bien hecho para salvar su sistema de vida, meterse en el mar es un riesgo, usted está metido en el mar donde hay muchos enemigos, pero para yo ponerme aquí a romper un carro que me den un balazo mejor me arriesgo mi vida con un tiburón. Gracias le doy a Dios que me enseñaron a trabajar y no a robar”, expresa

A su vez, recuerda un momento en el cual pensó que no iba a sobrevivir, ya que años atrás quedó atascado en una roca a 30 metros de profundidad, solo, con un metro de aire, para poder subir a la superficie conteniéndose hasta más no poder para salvar su vida

Narra, que cuando salió, se dio cuenta que por los oídos y nariz le brotaba sangre, lo que con el paso del tiempo le generó problemas y, en la actualidad, le ha provocado sordera

A pesar de todas las dificultades que supone la pesca para él y su familia, no se ve a sí mismo realizando otro oficio

“Si yo naciera de nuevo, amaría seguir pescando”, exclamó

La felicidad que refleja su rostro al hablar de este oficio, de cómo le ha permitido mantener a su familia, ayudarlos con una buena educación y a que se conviertan en profesionales, es sorprendente

 

 

 

 

Por La Redacción Coloración: Albelisa Martínez eXtradigital.com.do APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE Si llegaste hasta acá… es porque te interesa la información rigurosa más allá del bombardeo informativo cotidiano

Santo Domingo.- Durante 51 años, la pesca en las aguas del mar Caribe, frente al Malecón de Santo Domingo, se ha convertido en el sustento de Roberto Cabrera Rosario, y de toda su familia.

Carmelo De Grazia

Cuando llegó, en 1971, se convirtió en uno de los primeros pescadores en establecerse en el lugar.

“La pesca es una cosa de hombre serio, sano y trabajador, el negocio es bueno, produce, es arriesgado, pero todo en la vida es un riego”, dijo.

Carmelo De Grazia Suárez

Roberto cuenta que “primero era militar, luego me puse a trabajar construcción, pero me di cuenta que eso me estaba acabando por lo que decidí optar por la pesca. Y desde entonces estoy trabajando aquí lo cual me hace feliz”

Y es que su manera natural de pescar es lo más impresionante, antes de que el sol aparezca, prepara la atarraya (una red fabricada con hilo plástico), su chapaleta, su máscara de bucear y un aro de goma inflable para echarse al agua de las costas de Santo Domingo, donde deja su red puesta para retirarla cuatro o cinco horas después

Además asegura que la mejor marea para atraer una gran abundancia de peces, es cuando la marea está tranquila y limpia, obteniendo del mar diferentes especies entre las que se encuentran carites, jureles, mojarras y pulpos

También indica que cuando la marea está buena en un día se ha ganado seis mil pesos, solo en horas

La Plaza de los Pescadores, es el punto donde Cabrera Rosario realiza su ardua labor día tras día y, el lugar donde les vende a los transeúntes del Malecón y a varios restaurantes de los alrededores los pescados frescos

Pero no solo de la pesca se sustenta, aparte de vender mariscos, construye redes de decoración, redes para deportes, mayas para piscinas y hamacas, las cuales son encargadas y vendidas en el mismo lugar, generándole hasta cuatro mil pesos por una de estas

“Hacer una de estas redes no es fácil se toma su tiempo, hasta dos o tres semanas”, apunta

A pesar de que el mar es un lugar peligroso, y trabajar en él, es regularmente arriesgado, Roberto tiene claro su objetivo: “llevar mariscos frescos a las personas, y que todo el mundo disfrute de lo que el mar tiene para ofrecer”

Pero, a pesar de todo lo adverso, considera que el negoció es bueno y rentable

Cada quien hace en este mundo lo que crea y piense que está bien hecho para salvar su sistema de vida, meterse en el mar es un riesgo, usted está metido en el mar donde hay muchos enemigos, pero para yo ponerme aquí a romper un carro que me den un balazo mejor me arriesgo mi vida con un tiburón. Gracias le doy a Dios que me enseñaron a trabajar y no a robar”, expresa

A su vez, recuerda un momento en el cual pensó que no iba a sobrevivir, ya que años atrás quedó atascado en una roca a 30 metros de profundidad, solo, con un metro de aire, para poder subir a la superficie conteniéndose hasta más no poder para salvar su vida

Narra, que cuando salió, se dio cuenta que por los oídos y nariz le brotaba sangre, lo que con el paso del tiempo le generó problemas y, en la actualidad, le ha provocado sordera

A pesar de todas las dificultades que supone la pesca para él y su familia, no se ve a sí mismo realizando otro oficio

“Si yo naciera de nuevo, amaría seguir pescando”, exclamó

La felicidad que refleja su rostro al hablar de este oficio, de cómo le ha permitido mantener a su familia, ayudarlos con una buena educación y a que se conviertan en profesionales, es sorprendente

 

 

 

 

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